"Así es como va construyéndose uno el alma, como una casa que tuviera tantos ladrillos como libros leídos". José Luis Martín Descalzo
lunes, 6 de abril de 2020
lunes, 23 de marzo de 2020
El galope que anuncia el alba
“La muchacha, el hombre, el león y el gallo se quedaron inmóviles;
parecía que la belleza de lo que contemplaban los había convertido en estatuas.
Por el este, donde estaba el mar y por donde habría de salir el sol, la luz se
acercaba con sigilo tratando de internarse en el bosque como una neblina, y a
medida que aumentaba la claridad lo hacía también el ruido del mar. De pronto,
la luz pareció tomar forma. Dentro de ella había sombras que se movían,
constituidas por otra luz aún más brillante. Eran cientos de caballos blancos a
galope, con largas y sueltas crines y elegantes cuellos curvados como los de
los caballos de ajedrez que había en la sala de estar. Sus cuerpos, que
avanzaban a la velocidad de la luz, estaban hechos de una materia más etérea
que la del arco iris. A pesar de todo, se veían sus siluetas recortadas
nítidamente contra el fondo negro de los árboles… Eran los caballos marinos
que, tal como le había explicado el párroco a María, entraban en tierra a
galope, un alegre galope que anunciaba el alba.
Ya estaban casi sobre ellos: el mar
les bramaba en los oídos y la luminosidad los cegaba. Coq Noir exhaló un grito
de terror y se tapó la cabeza con un brazo, pero María, aunque tuvo que cerrar
los ojos a causa del resplandor, se rió de pura emoción porque sabía que los
caballos no les harían daño y tan sólo pasarían por encima de ellos como un haz
de luz o como el arco iris.
Y así sucedió. Hubo un instante de
indescriptible frescura y júbilo, como cuando rompe una ola contra el cuerpo.
Luego, en la distancia, se fue apagando el ruido del mar, y cuando abrieron los ojos, percibieron tan sólo
la débil y fantasmal luz grisácea que no les mostraba otra cosa que la forma de
los árboles y el contorno de las caras. Los caballos blancos se habían ido…
todos, salvo uno.
Lo vieron al mismo tiempo, bajo un
enorme pino que tenían a la derecha, como si se hubiera detenido en mitad de su
escapada, un poco vuelto hacia ellos, con el cuello orgullosamente arqueado y
levantada una de sus delicadas pezuñas con herradura de plata. Después él
también se fue, y no quedó en el bosque otra claridad que la del alba, que
aumentaba poco a poco”.
Fragmento
sábado, 8 de febrero de 2020
domingo, 29 de diciembre de 2019
Bocetos literarios
I
“Joyce está para siempre en Trieste, pues es allí donde es real
ahora: bajo la forma de una serie inspirada de signos lingüísticos gramaticalmente
desconcertantes.
II
El mismo relato es distinto según las palabras de las que se
componga. Hasta la menor de las reescrituras crea una nueva proyección de lo
real. Y quizá hay un modo más estrafalario de exponer esto. Una frase es como
un boceto, o una caricatura.
III
A Sterne le fastidiaba la idea de que una representación tuviera
que ser descriptivamente exhaustiva. Lo que le interesaba era la verdad de los
atajos. Solía afirmar que un sargento con una pica entrando en una taberna con
su perro se podía representar simplemente con tres líneas rectas.
IV
No hay signos naturales. Una caricatura no es más real que una
frase. Al mismo tiempo, sin embargo, el hecho de que algo sea un signo no
significa que no sea verdad.
V
Se necesita muy poco para inventar algo verdaderamente realista y
animado. Se necesita únicamente el mínimo exceso de una frase. Una narración
puede ser diminuta y aun así crear un mundo.
VI
Un relato puede convertirse en la prueba de algo que nunca será
demostrable de forma lógica. Un relato puede inventarse una nueva forma de
realidad. Y, si uno prefiere otro término para referirse a esta magia de la
composición, si le desagradan las palabras anticuadas como vivos y muertos,
supongo que hay otra forma de expresarlo. Y esta consiste en decir que la ficción
es un sueño.
VII
En esto consiste la novela: su significado es mucho más móvil, más
fugitivo, que las habituales ideas de significado. Una novela es una huida. Y, por
ello, también puede ser múltiple.
VIII
Si pienso en las grandes traducciones del arte de la novela, como
el Moby Dick de Pavese, o la traducción francesa de Anna Livia Plurabelle, de
Joyce, creo que es posible afirmar que traducir implica reconstruir el
lenguaje, exactamente igual que en el caso del original. La traducción viene a
ser, pues, un nuevo original. Y esta es la razón por la que la traducción de
una novela ni siquiera necesita realizarse del original original. También puede
estar hecha de un segundo original. Porque lo que se necesita en casa fase
múltiple no es fidelidad, sino recreación.
IX
Las palabras de un lenguaje muy raramente se refieren a cosas
únicas. Son más como enjambres o campos. Este sueño de que las palabras son
cosas ha implantado la idea de que, por alguna razón, el lenguaje está en
contacto con lo inefable, cuando este es una ilusión del lenguaje mismo.
X
La metafísica no es más que un modo de describir con mayor
grandilocuencia una locura cotidiana: el hecho de que toda novela pretende
crear su lector ausente”.
Fragmentos
viernes, 27 de diciembre de 2019
No escribimos en vano
“Los personajes que aparecen en mis libros luchan por cosas que
les importan. Nunca he sido capaz de escribir acerca de lo que parece interesar
a la mayor parte de los novelistas: lo que podríamos denominar el factor
sociológico, el mundo de cosas que nos rodean, el mundo de gustos y modas. Mi
literatura es más simple que eso, es más profunda, es, probablemente, mucho más
ingenua. Trata de vivir y morir y hallarle un sentido a lo que hacemos en este
mundo. Todas las preguntas fundamentales que te haces cuando tienes quince
años, intentar aceptar el hecho de que vives en este planeta, encontrar alguna
razón para existir. Estas son las preguntas que impulsan a mis personajes.
Supongo que con el
tiempo he acabado considerándome, más que un novelista, alguien que cuenta
historias. Creo que las historias son el alimento básico del alma. No podemos
vivir sin historias. De una manera u otra, toda persona se alimenta de ellas desde
que tiene dos años hasta que muere. La gente no tiene por qué leer
necesariamente novelas para satisfacer su ansia de historias. Ven la tele o
leen cómics o van al cine. Les lleguen como les lleguen, estas historias son
cruciales.
A través de las
historias luchamos para hallarle sentido al mundo. Eso es lo que me hace seguir
adelante: lo que justifica que me pase la vida encerrado en una pequeña
habitación, poniendo palabras sobre el papel. El mundo no se acabaría si no volviera
a escribir otro libro. Pero a fin de cuentas no creo que sea una actividad
completamente inútil. Formo parte de la gran empresa humana que intenta
encontrar sentido a lo que hacemos en este mundo.
En el proceso de
escribir hay muchos momentos de desolación, muchos momentos en que te preguntas
por qué lo haces y qué sentido tiene: a veces es importante recordar que no lo
hacemos en vano. Esta es la única cosa que he encontrado que para mí tiene
sentido”.
Experimentos
con la verdad (fragmento).
Paul Auster
Fotografía: Jonathan Irish. National Geographic
domingo, 3 de noviembre de 2019
sábado, 2 de noviembre de 2019
martes, 17 de septiembre de 2019
El detective Strike
“La fricción entre el extremo de la pierna amputada de Strike y la
prótesis se estaba volviendo más dolorosa a cada paso mientras se dirigía hacia
Kensington Gore. Sudando un poco dentro de su pesado abrigo, mientras un sol
débil hacía centellar el parque a lo lejos, Strike se preguntó si la extraña
sospecha que le tenía absorbido era algo más que una sombra que se movía en las
profundidades de un estanque turbio, una trampa de la luz, un efecto ilusorio
de la superficie agitada por el viento. ¿Esos diminutos movimientos del cieno
negro habían sido producto de una cola viscosa o no eran más que
insignificantes ráfagas de gas producidas por las algas? ¿Podía haber algo
merodeando, oculto, enterrado en el barro, y que otras redes habían rastreado
en vano?
Dirigiéndose a la
estación de metro de Kensigton, pasó por la puerta de la reina de Hyde Park,
ornamentada, oxidada y decorada con las insignias reales. Observador incurable,
se fijó en la escultura de la gama y el cervatillo que había sobre un pilar y
en el venado que había en el otro. A menudo, los humanos suponíamos la simetría
y la igualdad donde no existía ninguna de las dos cosas. Iguales pero en el
fondo diferentes… El ordenador de Lula Landry le iba golpeando cada vez con más
fuerza sobre la pierna y la cojera fue empeorando.
En su estado
dolorido, impedido y frustrado, había una previsibilidad gris en el anuncio que
le hizo Robin, cuando por fin llegó al despacho a las cinco menos diez, sobre
que aún era incapaz de traspasar a la que atendía el teléfono en la productora
de Freddie Bestigui y que no había conseguido encontrar a nadie con el apellido
Onifade con un número de teléfono de la British Telecom en la zona de Kilburn.
‒ Claro que si es tía de Rochelle, podría tener un apellido
diferente, ¿no? ‒apuntó
Robin mientras se abotonaba el abrigo y se preparaba para marcharse.
Strike mostró estar
de acuerdo con actitud de agotamiento. Se había dejado caer sobre el sofá
hundido en el momento en que atravesó la puerta de la oficina, algo que Robin
no le había visto hacer antes. Tenía el rostro comprimido.
‒ ¿Se encuentra bien?
‒ Sí. ¿Alguna noticia de Soluciones Temporales esta tarde?
‒ No ‒contestó
Robin apretándose el cinturón‒. Quizá
me creyeron cuando les dije que me llamaba Annabel. Traté de parecer
australiana.
Él sonrió. Robin
cerró el informe provisional que había estado leyendo mientras esperado a que
Strike regresara, lo colocó ordenadamente en su estante, se despidió de Strike
y lo dejó ahí sentado, con el ordenador portátil a su lado sobre los cojines
deshilachados.
Cuando dejó de oír
el sonido de los pasos de Robin, Strike extendió un brazo hacia un lado para
cerrar la llave de la puerta de cristal. A continuación, incumplió su propia
prohibición de no fumar en el despacho los días laborables. Metiéndose el
cigarro encendido entre los dientes, se levantó la pernera del pantalón y se
desató la correa que sujetaba la prótesis a su muslo. Después, se sacó el
revestimiento de gel del muñón de la pierna y examinó el extremo de su tibia
amputada.
Se suponía que
tenía que examinar la piel todos los días para ver si tenía irritación. Entonces,
vio que el tejido de la cicatriz estaba inflamado y caliente. […] Su mente
empezó a divagar, pensó en familias, en apellidos, en cómo su infancia y la de
John Bristow, tan diferentes por fuera, habían sido similares. En la historia
de la familia de Strike había personas que habían desaparecido también. Por
ejemplo, el primer marido de su madre, de quien rara vez había hablado, excepto
para decir que odió haberse casado con él desde el principio. La tía Joan, cuyo
recuerdo siempre era más nítido mientras el de Leda era más confuso, decía que
Leda, con dieciocho años, había abandonado a su marido después de dos semanas tan
solo, que su única motivación para casarse con el Strike mayor ‒quien, según la tía Joan, había
llegado a Saint Mawes con la feria‒ había
sido un vestido nuevo y un cambio de apellido. En realidad, Leda había sido más
fiel a su inusual nombre de casada que a ningún hombre. Se lo había puesto a su
hijo, que nunca había conocido a su primer poseedor, con el que no guardaba
relación, mucho tiempo antes de su nacimiento”.
Tercera parte. Capítulo 7 (fragmento).
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